Aunque no quieras, aquí te conviertes en el Dean Moriarty de la novela de Kerouac. Te pasas el día en la carretera conduciendo: para ir al trabajo, para ir a comprar, para ir al gimnasio,… e incluso si quieres caminar tienes que coger el coche.
El carnet de conducir en España te puede costar a partir de 900 Euros de media (1,400 dólares); aquí pagué 8 dólares para obtenerlo. Antes de venir a Kentucky obtuve mi permiso de conducir internacional para poder conducir en E.E.U.U. hasta que mi carnet kentuckiano reposara en mi bolsillo.
Llegué a la oficina de tráfico para inmigrantes en Lexington y entregando pasaporte, visado y prueba residencial me dieron de alta en el sistema informático: ¡Ya podía ir a mi pueblo a examinarme para conseguir el carnet de conducir! Al día siguiente a primera hora acudí emocionado a la
Court House de Stanton, el pueblecito de 3,000 habitantes en el que viví el primer año y situado a 30 minutos de Lexington, sonriente solicité fecha para examinarme. La señorita que atendía en el mostrador me miró con perplejidad al principio tras oír mi inglés enlatado y con pánico después cuando vio la documentación exótica que traía conmigo: ¡pasaportes, visados, documentos expedidos en la gran ciudad…! Balbuceando me dijo que no me encontraba en el sistema informático y se puso a aporrear teclas como si de una Remington Standard 12 se tratara. Después de unos minutos de pasión informática por su parte me dijo que no podía darme de alta para examinarme; como muestra de su competencia, apartó las telarañas de un viejo listín telefónico que contenía números de Lexington y acertó a encontrar el teléfono de su Court House pero, hasta ahí llegó su participación en el concurso y no fue capaz de localizar la oficina de tramitación de permisos de conducir para extranjeros. Así que, dedujo que se habían equivocado en Lexington y que no me habían activado. Puso sonrisa de foto de instituto enseñando dientes y me mandó con elegancia pueblerina a tomar por culo. Al día siguiente, ya sin madrugar tanto, volví a la oficina de Lexington con cara de pocos amigos para pedir explicaciones. La misma señorita que me dio de alta en el sistema dos días antes escuchó mi historia y fue agachando la cabeza con el tempo de mis lamentos para acabar mirándome por encima de sus gafas de pasta marrón y decirme: “Me parece majete que en el ordenador de Stanton han pulsado el botón de delete”. Así que la mujer volvió a darme de alta y ante mis narices llamó por teléfono a Stanton para decirles a las señoritas de la Court House: “Do Not Touch anything”. Al día siguiente y a media tarde volví a Stanton y sin que fuera necesario abrir la boca por mi parte, me dieron la cita para examinarme del teórico a la semana siguiente y un libro en inglés con el código de circulación.
Volví listo para el examen y cuando me presenté ante el examinador me dio dos lápices y me hizo una pregunta: “¿Quiere hacer el examen en español?” “Of course” respondí.
40 preguntas para un máximo de 8 fallos. Todo estaba hecho hasta que leí el examen; español traducido directamente del inglés: Suspenso, fallé 10 preguntas. Aquí una muestra de una de ellas que copié porque pensé que jamás nadie me creería:
“¿Si su carro de usted es de los cuatro modos que la intersección con cuatro parar y el carro a la izquierda quiere girar derecha y el carro delante de usted quiere ir directamente cuál carro tiene que cruzar la intersección primero?”
A la semana siguiente me examiné en inglés y aprobé. Después el examen práctico, fácil. Ya podía conducir con el carnet de Kentucky y suspiré aliviado, me sequé el sudor y comprendí que aquello sólo era el comienzo de un odio creciente hacia la burocracia kentuckiana…
2 comentarios
Diciembre 8, 2008 a las 3:02 pm
Hola Luis, otra vez yo…no sabes como me rei con tu examen para conducir en español jajaj muy bueno muy bueno jjajajja
saludos
Diciembre 8, 2008 a las 5:41 pm
Bienvenido Jorge y muchas gracias por los comentarios!
Lo mejor de las historias que te van sucediendo es que lo pasas mal al principio pero al final acabas vengándote publicándolas en un blog, y te aseguro que viviendo en Kentucky es fácil que tu lista de “venganzas” sean unas páginas amarillas.