¡Cuán bello hubiera sido oír que las razones de los alumnos para aprender español eran las de colmar espíritus aventureros que anhelaban viajes exóticos al sur o al este para comunicarse con los oriundos de tierras hispanohablantes! Pero no. Los motivos fueron más triviales, menos idílicos y ligeramente arcaicos: “Yo quiero aprender español para poder mandar a los mejicanos que trabajan en la granja de mi padre.” “Yo quiero aprender español porque mi madre me obliga”. “A mí me gustaría aprender español para saber qué están diciendo de mí los mejicanos que me persiguen cuando voy al Walmart (Dícese de Centro Comercial que posee todo tipo de productos en su amplia extensión a precios muy económicos gracias al trato infra económico que da a sus trabajadores y al trato infra humano que sus filiales dan a los trabajadores allende de los mares en China).”
Bien es cierto que también ha habido fantásticas excepciones de estudiantes deseosos de empaparse en todo lo que tuviera que ver con el español; idioma, costumbres, lugares, fiestas… y que han sido uno de los principales bastiones que nos han hecho sobrellevar el abrupto choque cultural que supuso cambiar el programa de Buenafuente por el de Jay Leno. Por ese y tantos motivos, Kentucky empezó siendo un color en medio de un mapa para convertirse cinco años después en una tierra que reconozco, aprecio y siento tan mía que hasta me tomo la libertad de poder juzgarla.
1 comentario
Enero 7, 2008 a las 3:50 am
Ole, ole y ole.
Siempre pasa lo mismo: por unos poco merece la pena hacer las cosas, en contra de lo que pasaba hasta ahora: unos cuantos estropean las cosas.
Me mola tela el titulo del blog
Ánimo Luis y viva el Capitan “Mostolito”