Enero 18, 2008...6:12 pm

“Estoy bien jodido” 1/4

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Este post se lo dedico a Javier Cascos.

Era el verano de 2004 y había encontrado trabajo en una escuela. Uno de los requisitos protocolarios para formar parte de la plantilla era el de hacerse un rutinario examen médico que incluía el test de la tuberculosis. Acudí con la barbilla alta y con cita previa a la consulta médica del pueblo en Stanton. Una enfermera de ojos saltones me hizo un corte transversal en el antebrazo izquierdo y me echó un compuesto que contenía un reactivo a la tuberculosis. Me miró de soslayo y mecánicamente me recitó el proceso de cuidado del brazo antes de volver a los dos días: “No te toques, no te rasques, no te laves”.

El miércoles acudí circunspecto a la clínica. El corte transversal se había hinchado y enrojecido. La misma enfermera comprobó la reacción y salió de su monotonía para afirmar con contundencia: “Tiene usted tuberculosis”. Me pidió que aguardara a una doctora que me vería en breve. Accedí a una sala de espera, “la antesala de la muerte”, pensé. A los quince minutos una doctora de unos 40 años, ojos claros y pelo rubio me hizo pasar a su consulta y lo que parecía el argumento de una película erótica de la transición española era en realidad una entrevista con la Gestapo: “¿Ha compartido usted jeringuillas alguna vez?”, “¿Ha mantenido relaciones homosexuales?”, ¿Ha estado en la indigencia recientemente?”, “¿Expulsa sangre cuando tose?”. Y como en ese momento el miedo era mi único amigo y consejero, respondí con la mayor dignidad posible a las preguntas. Acabado el “test de la verdad sin complejos” me concertó cita para que acudiera a Winchester, otro pueblecito aunque más grande, a que me hicieran radiografías de los pulmones y me dio una dirección a la que tenía que enviar una colección de esputos semanal. Salí a la calle y miré al cielo: “¡Qué bonito es y lo poco que lo he apreciado!”.

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