Para renovar mi pasaporte decidí llenar el depósito del coche y nutrir el porta cedes con varios discos de Bob Dylan. Día libre en la escuela, autovía de madrugada y en cinco horas me planté en Chicago. Aparqué cerca del consulado y a eso de las 09:30 estaba en su puerta. “¡Qué bien me ha salido todo hasta ahora!” pensé triunfante pero, entré dentro…
Nunca antes había estado y me imaginaba que el consulado era como un oasis español en medio del desierto yanqui. Pensé que la empatía de los viajeros alejados de su hogar se transformaría rápidamente en camaradería y que en diez minutos estaríamos hablando de fútbol y de cañas.
Nada más lejos de la realidad. El consulado español de Chicago es un banco. Está protegido por unos gruesos cristales de los que destaca un círculo metálico y por donde muchas veces, cuando se enfadan, puedes ver al león de la Metro Goldwyn Mayer.
Los baños son exteriores y al igual que en el Bar Manolo, tienes que pedir la llave para poder hacer uso de ellos.
-“Buenos días”, le dije a la señorita al otro lado de la mampara de cristal.
-“Buenos días” respondió una muchacha con acento quizá argentino.
-“Me gustaría renovar mi pasaporte. También querría decirle que no me han llegado las papeletas para poder votar en las próximas elecciones y no entiendo por qué ya que mi mujer y yo nos censamos en este consulado por correo”, dije mostrándole los pasaportes donde constaba que habían sido sellados por ellos.
La muchacha me dio un formulario para renovar el pasaporte y comprobó en el ordenador mis datos para saber si estábamos censados:
“Pues no, aquí tengo que se dieron de alta pero les enviamos una carta para confirmar la dirección y no la devolvieron firmada, así que les dimos de baja”.
“Excuse me –dije- nosotros estuvimos viviendo en esa dirección durante más de un año y en ese tiempo jamás recibimos noticia alguna del consulado español. ¿Podría decirme por favor en qué fecha enviaron esa petición?”
“Sí claro, en abril del 2005” respondió presta la muchacha.
Es decir, que habían enviado una carta pidiendo confirmación de dirección casi dos años después de que les enviáramos nuestros pasaportes para censarnos.
La muchacha, comprensiva, nos volvió a dar de alta y anuló el tiempo que habíamos estado Blowing in the Wind, es decir, sin constar ni en España ni en Estados Unidos.
Cuando rellené el formulario para solicitar que me enviaran el pasaporte a mi domicilio la chica me relató el proceso:
“Como hemos tenido varios casos de extravío de pasaportes…, ahora lo enviamos por Fedex y con seguro, así que tiene que rellenar esta hojita de Fedex con su dirección y los datos de su tarjeta de crédito para pagar el porte”.
“¿y a cuánto asciende ese porte?” pregunté
“pues no lo sé, usted pone los datos de su tarjeta y nosotros ya le cobramos” respondió
“¡Vamos a ver, pero cómo pretende que pague algo sin saber cuánto es!” exclamé.
“Bueno, si quiere venga en persona a recoger el pasaporte…. “ me instó.
Así que no me quedó más remedio que encomendarme a la providencia e irme a casa a esperar.
A la semana aún no había recibido el pasaporte, así que llamé al consulado para saber qué estaba pasando. Me atendió un muchacho con acento canario y confirmó que aún no lo habían tramitado y que estaría listo en unos días. Le pedí por favor, para mi tranquilidad, que me enviara un correo electrónico confirmándome la fecha en que lo habían enviado y me respondió:
“Lo siento, pero no nos está permitido enviar correos electrónicos”
E insistí hasta en latín pero no hubo manera, mi pasaporte estaba en manos del azar.
A las cinco semanas y, sorprendentemente, recibí el pasaporte. Comprobé mi cuenta bancaria y Fedex no me había cobrado nada por enviarme el paquete.
“…y después de unos instantes de silencio, el anciano del candil retrocedió sobre sus pasos y volvió a perderse en el oscuro cementerio. Al fondo, comenzó a resonar un estruendo de risas tenebrosas y el aullido de un perro seguramente famélico…”
4 comentarios
Febrero 20, 2008 a las 4:08 am
Mi experiencia en el Consulado de NY no fue tan dramática, pero creo que la calaña es la misma. El segurata era de lo más desagradable. Parecía mentira que ni siquiera por ser español me tratase con cierta amabilidad. ¿Acaso crees que vengo a poner una bomba a mi país? Si soy español y voy al consulado, ¿no será que tengo algún tipo de problema? Eso, para empezar.
El funcionario que me atendió era un tipejo que no ayudaba mucho, la verdad. Inicialmente me inscribí como turista, y ya veríamos qué pasaba con el tiempo. Me sellaron el pasaporte, y ni siquiera me dieron ningún tipo de impreso. Mi miedo era que me llamaran para mesa electoral y no poder ir. En ese caso, dudo que me hubieran ayudado a justificarlo. Menos mal que no me llamaron.
OLI I7O
Febrero 20, 2008 a las 9:23 am
El Consulado de Chicago es lo peor y toda la gente que desgraciadamente tiene que acudir alli, piensa lo mismo. Parece mentira que algunos españoles sean así y más aún fuera de nuestras fronteras. Al final Sánchez Drago va a llevar razón…
Febrero 24, 2008 a las 11:46 am
Con el Consulado de Chicago no he tenido ningún altercado de momento, eso sí, estoy a la espera de recibir las papeletas de voto para las próximas elecciones después de haberles mandado la documentación que me pedían. Ver veremos.
El Consulado de Miami es otra historia. De aquella, hablo del 2000, su horario de atención telefónica al público era de once a una: el sueño de todo funcionario. Me dicen que necesitan mi pasaporte y que lo envíe por correo. Sí, por correo. Lo envío por empresa de mensajería, desconfiado que es uno, y con sobre prepagado para ser devuelto por el mismo procedimiento. Tres semanas más tarde no he recibido nada, cunde el nerviosismo. Llamo al Consulado, un funcionario con acento cubano me dice que no sabe nada, que en el cajón no aparece mi pasaporte. Sí, en el cajón. Le digo que puedo probar hasta la hora en que ha sido entregado allí. Varias llamadas más, allí nadie sabe. Se impone la desesperación y comienzo a preparar el peregrinaje a la Embajada en Washington para hacerme con un nuevo pasaporte. Dos o tres semanas más tarde, cuando ya tengo preparado el viaje a la capital, me llaman del Consulado en Washington, mi pasaporte está allí y no saben por qué. Le cuento la historia a una amable funcionaria y me dice que como se me ocurre enviar mi pasaporte, ya que con fotocopia compulsada vale. Respiro profundamente, cuento hasta diez y le ruego que ponga esa información en manos de los funcionarios del Consulado en Miami. País.
Febrero 25, 2008 a las 12:41 pm
Por lo que se ve Javier en todos los consulados cuecen habas. Eso sí, cuando pasa algún suceso del que se entera la opinión pública en España, enseguida verás a los responsables de los consulados meter el hocico en las cadenas de televisión para mostrar su total apoyo, solidaridad y ayuda con los involucrados.
Pero… en el día a día no hay nada que les distraiga del café de las 10 y el aperitivo de las 12.
País.