Febrero 20, 2008...9:20 am

Mr. X Deportista

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Ligeramente regordete y con tendencia a serlo más, se desvive en el gimnasio torturando sus bíceps con pesas arriba y abajo. En su tercer año en Kentucky se enteró de que las animadoras del equipo de baloncesto de la escuela se quedaban por las tardes a hacer prácticas y él no dudó un instante en ofrecerse a entrenar con ellas para hacer más llevadero el pesado, monótono y rutinario ejercicio.

Así que, allí estaba nuestro veintiocho añero amigo, haciendo abdominales con la vista arriba contemplando la panorámica frente a sí: muchachas de 15 ó 16 años con minifalda de muñeca, lanzando patadas al aire y agitando los pompones al son de ridículos cánticos.

A los tres días de comenzar su entrenamiento, le citó la directora y le preguntó que qué estaba haciendo y Mr. X se ofendió como si le hubieran mentado a la madre y dijo que había que estar enfermo para pensar más allá de lo obvio, que él sólo pretendía ponerse en forma. La directora se convenció con la explicación de Mr. X aunque le avisó: “He tenido quejas de varios padres y uno de ellos te ha definido como un depredador sexual en potencia”.

 Y Mr. X nos contó ofuscadísimo la historia, criticando la doble moral americana, su perversión, su falta de confianza, su tendencia a malinterpretar las cosas, su tergiversación,… e hizo un leve paréntesis en su enérgica protesta para exclamar: “¡Bueno, la verdad es que tengo que reconocer que la vista no estaba nada mal!”.

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