Febrero 25, 2008...10:23 am

¿Adiós a las armas? 1/2

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Institucionalmente lo políticamente correcto, al igual que leer la Biblia, querer prosperar económicamente o hacer lo posible para que los hijos lleguen a la universidad, es el tener algún arma en casa. Un estadounidense medio sin una pistola guardada en la mesita de noche deja de ser un estadounidense medio.

Cuando llegué a Estados Unidos traía puesta la mentalidad europea en contra absolutamente de las armas; aún hoy sigo estando en contra de ellas pero la vivencia aquí me ha hecho entender que el tener un arma no es sinónimo de locura como se quiere hacer ver en cualquier reportaje contra la posesión generalizada de armas.

 Mike, un hombre culto entrado en la cincuentena, viajado y con cargo importante en su condado escolar le regaló a su nieto de cinco años su primera pistola.

Nuestro amigo Bart es uno de los mejores padres adoptivos que he visto en mi vida; es cariñoso, atento, eficaz, transigente y disciplinario con sus hijos. Una vez nos fuimos de acampada con él y su familia y durmió con una pistola bajo la almohada.

Denis, casado con una amiga nuestra, se licenció en medicina y ahora posee ocho clínicas privadas por todo Kentucky, una de sus mayores virtudes es que, cuando los pacientes no tienen dinero para pagar, antepone la salud al dinero y no cobra, siendo esto algo bastante inusual… Denis tiene una casa-palacio en la que ha instalado una cámara acorazada con alrededor de 150 tipos distintos de armas de fuego y además fabrica su propia munición…

 Y así podríamos seguir escribiendo miles de ejemplos de personas que se alejan mucho del prototipo de fanático-ignorante-religioso que definió Jon Sistiaga en su reportaje sobre las armas de fuego en Kentucky.

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