Ciertos acontecimientos que nos pasan en la vida se echan siestas que duran años en un rinconcito de la memoria y de repente, otro acontecimiento paralelo los despiertan de ese letargo para devolverles a la actualidad. Ese es el caso del ratoncito de la bandeja.
Hace unos meses Elenita tuvo un ratón, un ratón no sé sí chiquitín pero lo que es seguro es que no comía bolitas de anís sino pastillas de veneno. Tuvo uno en casa que le duró tres semanas y se hizo inmune al veneno que Elenita repartía alegremente por la casa. Al final, según todos los indicios, murió de viejo.
Javier tuvo el suyo y para combatir al roedor se ató una cinta roja al pelo, torció la boca y convirtió la casa donde vive en su Vietnam particular sembrando de trampas “papamoscas” todas las habitaciones hasta que el “charlie” apareció y quedó atrapado en una de ellas.
Aquí las casas están situadas en muchos casos en mitad del campo y es normal que se vean serpientes, mapaches, mofetas, marmotas… y ratones. En primavera y verano si no se corta la hierba del jardín a menudo se convierte en cobijo de pequeñas serpientes. Los mapaches, esos graciosos animalitos regordetes y enmascarados, son una plaga horrible; gruñen, bufan y pueden ser portadores de la rabia….son como gatos, si se ven acorralados, atacan y tienen unos dientes como para encoger el escroto cuando los ves. Para ver mofetas, que los mexicanos llaman zorrillos, febrero es el mejor mes, aunque sólo se ven muertas en la carretera. Desprenden un olor desde mi punto de vista nauseabundo, aunque Silvia discute conmigo porque dice que huelen a café ….¿? Las marmotas son unos bichos enormes, peludos, con garras como garfios, dientes como castores y son animales súper tímidos que viven en madrigueras horadadas en el suelo. Estoy convencido de que si las marmotas fueran conscientes de su potencial, serían las dueños de la naturaleza salvaje.