Marzo 14, 2008...5:32 am

Un ratón en la bandeja o el álter ego de Esopo 5/5

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Con total rutina armé la trampa, la cargué de queso y espere paciente y sin ruido. Al poco tiempo, ¡zas! y allí acudí como de costumbre. Quité la barra y me di cuenta de que el ratoncillo se convulsionaba, ¡Aún estaba vivo!. Suspiré y con celeridad salí a la calle con la trampa y el ratón en la mano y lo tiré al jardín cerca del aparcamiento donde dormía nuestra Ford Escort azul.

¿Cómo iba a a matar a un bicho tan inofensivo?.

Al día siguiente Silvia volvió de trabajar y no se había comido el sándwich que habitualmente se lleva para su hora del lunch. Me enseñó la bolsita de comida y ¡estaba llena de cagaditas de ratón!

Fuimos al coche y comprobamos que la bandeja trasera tenía cagaditas de ratón y que una chocolatina que habíamos abandonado en el asiento de atrás tenía el envoltorio mordisqueado y sus restos estaban repartidos por el asiento trasero en decenas de pedacitos diminutos y parte del contenido había sido roído, lo que demostraba dos evidencias: Que el ratón se había alojado en nuestro coche y que éramos unos guarros por dejar comida en el coche.

Yo no sé en qué consiste conducir un coche con un mono apuntándote con una ballesta como acompañante, pero sí sé lo que es conducir un coche yendo con un ratón de dientes afilados, rabioso porque le has lesionado y rencoroso porque has matado a su familia esperando a saltarte a la cara en cualquier momento.

 El caso es que retiramos de la bandeja trasera del coche la efigie en plástico de El Fary meneándose y la sustituimos por una ratonera. No tengo ni idea de qué pensaría la gente, de hecho prefiero ser ignorante respecto a ello y nadie se imagina el alivio que experimentó nuestro ceño cuando a los cuatro días el ratón yació moribundo bajo la barra metálica de la trampa en la bandeja trasera de nuestro Ford Escort azul.

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