Marzo 19, 2008...6:04 am

Mr. X Inquilino 2/2

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El salón se abría ante ti nada más entrar, un sofá de pana azul pálido de segunda mano y con manchurrones negruzcos quizá de café que le habían regalado te invitaba a quedarte de pie. Frente al sofá una mesa de plástico negra con patas metálicas plegables y desafiantes a la gravedad, sostenía un ordenador portátil y un microondas. A la izquierda su dormitorio, el único cuarto de la casa con aparato de calefacción y aire acondicionado. Un colchón en el suelo cubierto de una insípida sábana en raso y presidida por una almohada de funda amarillenta era lo que Mr. X conocía por cama, a sus pies una raqueta de tenis de cuando McEnroe era alevín y unas pelotas de tenis manchadas de barro, al lado de la cama una caja de cartón con el logotipo de una marca conservera le hacía las veces de mesita de noche sosteniendo una lamparita y una colección de llaves, monedas, un par de libros y varios paquetes de chicle empezados. En el otro lado un armario empotrado semi-abierto donde posiblemente habitara el hombre del saco y por ventana un monstruoso aparato de aire acondicionado y calefacción.

Retrocedimos sobre nuestros pasos, volvimos al salón y continuamos caminando por un estrecho corredor. A la derecha entramos a un cuarto mugriento huérfano de muebles. Al fondo se veía una caldera empotrada en un armario y las paredes nicotinadas tenían varios agujeros arbitrarios, supusimos que eran puñetazos que antiguos inquilinos desahogaron contra ellas.

 Frente a este cuarto, el baño. Alicatado en blanco, juntas ennegrecidas. Bañera sin cortinas e inodoro decapitado, sin taza. El lavabo era un charco con restos de pelo heavy y ¡trozos de vela! que Mr. X estuvo intentando desatascar del desagüe el día anterior.

Salimos del baño y entramos en la cocina, amplia y amueblada en ocre. Abrimos uno de los armarios y encontramos colillas de Marlboro. En otro armario, restos de comida. Otro tenía una de las bisagras rotas y la puerta parecía querer lanzarse al vacío del pegajoso suelo de la cocina. Era obvio que el propietario no había limpiado después de que el anterior inquilino desabitara la casa.

 “¿Tenéis hambre?” preguntó Mr. X.

Abrió la famélica nevera en proteínas y saturada en grasas y extrajo una caja de cartón con pollo de la marca Tyson. Volvimos al salón y en el microondas y sobre platos de cartón depositó dos trozos del pollo; mientras el pollo daba vueltas en el tiovivo, Mr. X nos preguntó:

“¿Qué, qué os parece la casa?” 

Dos semanas después de que fuéramos a visitarle, el casero aún no le había desatrancado el baño. Seguía recibiendo cartas destinadas a los anteriores inquilinos con remite de compañías que ofrecen medicamentos y alimentos gratuitos a las personas sin recursos, facturas de televisión por cable y de la compañía telefónica y una carta del juzgado.Por la ventana de la cocina le entraron dos ladrones y le robaron varios alimentos de la nevera incluidas algunas cervezas y una riñonera con euros que había traído de España para enseñárselos a los alumnos. Después de aquel incidente aguantó dos meses más y definitivamente se mudó a una casa portátil….

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