Abril 18, 2008...7:20 am

Esas decisiones estúpidas 2/3

Saltar a Comentarios

Después de conducir media hora llegamos al concesionario. Algo cochambroso y desordenado, grasiento y antiguo. No obstante, nos enseñó el coche y coincidía con las fotos mostradas en Internet. Impecable, impoluto, e impresionante. Abrimos el maletero y olía a nuevo, el interior era suave y sensual, el motor ronroneaba diciendo “Os quiero”, encendimos la radio y sonaron los Pixies, estornudé y del cristal nació un arco iris.

Con mucha ilusión subimos a la primera planta y firmamos los documentos pertinentes a cambio de las llaves. Nos despedimos del escocés con un fuerte apretón de manos y como niños bajamos rápidamente las escaleras para emprender el viaje de regreso en lo que era ya nuestro coche.

 

Me siento en mi trono, piso el freno, giro la llave y el motor comienza a emitir la 9ª Sinfonía de Beethoven. Doy marcha atrás con elegancia, freno con estilo y meto la primera con sublime gracejo. El coche comienza a avanzar y la máquina está en armonía con el hombre.

Salimos del pueblo y entramos en autovía. La nieve de la que nos habló el escocés, empezó a hacer acto de presencia, pero con un coche así era hasta bello ver a aquellos simpáticos copos fundirse contra el parabrisas en un acto de amor.

 

Después de un buen rato de camino se escuchó una tos agónica.

“¿Has sido tú?” le pregunté a Silvia.

“No” respondió lacónica.

“Pues me parece que tenemos un problema…”

El coche comenzó a toser con mayor intensidad y se puso a 5,000 revoluciones a pesar de que la velocidad no era mayor de 70 millas por hora. Pulse el odioso botón del triangulito y bajé la velocidad a 35 millas por hora. Las revoluciones no bajaban. Seguíamos en autovía y los coches nos rebasaban como rayos. La nieve era cada vez más intensa.

Paramos en la siguiente salida y allí buscamos un Walmart, que desgraciadamente no tenía taller mecánico pero afortunadamente tenía teléfono. Hinché la vena del cuello y contacté con el escocés. El tío nos dijo que no podía hacer nada, que la nieve era tan intensa que no se podía arriesgar a salir con ningún coche, la única solución que nos daba es que le lleváramos el coche al día siguiente a ver qué podía ser.

 

 

 

2 comentarios


Escribe un comentario