Abril 23, 2008...6:02 am

La, la, Las Vegas

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     Entre Nevada, California y Arizona y marcada por la X que forma el cruce de las carreteras 15 y 95 se encuentra la ciudad de Las Vegas. Ciudad que tiene por madre al desierto y por padre a los “alcapones” que blanquearon dinero fundando la ciudad del vicio.

 

Conduces desierto y desierto y al final crees que el Joshua Tree te está saludando con sus tentáculos punzantes en forma de brazo. El paisaje es monótono y la conducción se hace insoportable y cuando los párpados están a punto de abandonarse al peso de la gravedad aparece ante ti, salida de la nada, una urbe descomunal, cosida con neón. A lo lejos se ven edificios que imitan a la Torre Eiffel, a una de las pirámides de Egipto, a los rascacielos neoyorquinos…

 

Entras en sus calles y descubres que no hay nada que el dinero no puedan comprar e imitar, salvo las esencias: Mirar a la estatua de la libertad en Nueva York es como evaporarte del presente y abstraerte a principios del siglo XX, en la piel de un inmigrante italiano que llega en un barco hacinado junto a miles de compatriotas y ve a lo lejos a la mujer que con su antorcha despierta en él un sentimiento de ilusión y optimismo. La estatua de la libertad de Las Vegas es una mofa a lo honesto y a lo puro y al mirarla sucumbes a su magnitud pero no sientes más allá que mera congoja.

 

Casinos que con reclamos luminiscentes llaman la atención del subconsciente, carteles y carteles de prostitutas ofreciendo todo tipo de servicios, grupos de borrachos andantes y de bolsillos vacíos, restos de comida y suciedad en las calles… si Nueva York es la ciudad que nunca duerme porque siempre tiene algo que hacer, Las Vegas es la ciudad que nunca duerme porque está enferma de insomnio.

 

El interior de sus hoteles es un culto a lo estrafalario. Es un melting pot de ficticia ostentación, cartón piedra, luces multicolores y croupiers omniscientes. Suelos cubiertos de alfombras zarinas sobre los que se yerguen nihilistas máquinas tragaperras. Black Jack, dados, ruleta, mesas de póquer y prostitutas itinerantes. Es el paraíso de los perdedores: ganar mucho dinero por puro azar para que les abra las piernas de señoritas con las que antes sólo habían soñado. Personajes solitarios mostrando sin pudor su mayor debilidad están repartidos por toda la sala hendidos en cómodos taburetes frente a las máquinas y con un bote infantil de plástico en las manos repleto de monedas a dilapidar; no tienen yo, son presos de la voraz ludopatía. Mozalbetes con gorra de béisbol copan las mesas de póquer e imitan devotos las caras de actores hollywoodienses  de los años cincuenta. Camareras de sonrisa amable y servicial escote dan vueltas alrededor de la sala en busca de los jugadores más convulsos, para darles de beber gratis a cambio de una limosna en forma de propina.

 

     Cásate Express en una de sus iglesias vestido de Elvis o Dolly Parton, engrasa tus arterias con la mierda de comida que sirven en sus restaurantes, emborráchate hasta la imbecilidad en sus casinos para gastar sin conocimiento, juega al 21 pensando que vas a ganar a “Mary manos-rápidas”, alójate en sus fastuosos hoteles de habitaciones que apestan a tabaco y semen, créete que has estado en Paris, Egipto, Nueva York, Venecia o Roma andando por sus calles. Compra un imán para el frigorífico para que sepan que estuviste allí.

3 comentarios

  • Tres palabras…
    Well written, man.

  • Sin duda, Las Vegas fue lo que menos me gustó del viaje. Además lo pones al lado de Grand Canyon, Yosemite y Frisco y no veas lo que canta… ¿te pido otra fanta? ¿conduce muy mal, o es tonta la infanta?

  • A mi, pideme un kas mejor que una fanta,…y puestos a pedir, una sangria como la de ayer…

    Subrayaria eso de que la ciudad padece de insomnio… buena metafora…

    Oye, de aqui a “el pais”, bueno… para vosotros mejor “el mundo”… pero una columna en el domincal que lleve por titulo el nombre de este blog no estaria nada mal…

    Prometo que te leeria!!!! incluso si se la vendes a “el mundo”


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