El marido de Amanda tuvo un estúpido accidente de tráfico y estuvo a punto de diñarla. Montado en una four wheels, una de esas motos de cuatro patas, trazó mal una curva y su cuerpo se golpeó aleatoriamente contra árboles y rocas.
Amanda y su marido son dos cincuentones subscritos desde nacimiento al trabajo. Compraron su casa de jóvenes y con el tiempo la fueron ampliando hasta acomodarla a su gusto. Nunca han parado quietos, siempre cotizando y cotizando a las barras y estrellas.
Pues bien, cuando el marido de Amanda vio las estrellas, el sistema le golpeó con las barras; operaciones y más operaciones para salvar su vida y una vez conseguido, más operaciones y operaciones para devolverle un mínimo de calidad en esa vida. Cuando las aguas volvieron a su cauce y el buen hombre pospuso su cita con San Pedro, recibieron en su casa facturas y facturas del hospital. Hablaron con su compañía de seguros, esa misma a la que habían estado cotizando décadas, y les dijeron que el seguro que tenían contratado no les abarcaba ese “accidente tan peculiar”.
Después de buscar dinero incluso debajo de los sofás, consiguieron abordar el pago. Amanda nos envió un emotivo correo electrónico a los compañeros diciendo que “….estamos muy contentos porque hemos conseguido pagar todas las facturas sin tener que vender la casa…”
Preferí no saber a cuanto ascendía el coste de la operación.
1 comentario
Mayo 12, 2008 a las 4:54 pm
yo también los odio….
Me acaba de llegar una factura de 27 “bucks” por las muletas que supuestamente me pagaba el seguro.
Chinga su madre….