El curso se acaba. Hoy viernes precisamente es el último día de clase con los estudiantes y mañana sábado tenemos que venir los profesores para culminar la limpieza de la clase y dejarla lo más decente posible para el curso que viene.
Ha sido un año especial; ha habido estudiantes que venían de la oscuridad del monolingüismo y que poco a poco han visto la luz con el aprendizaje del idioma de la aquí integración. He visto a padres que, viniendo del hambre, han asimilado el capitalismo con rotundidad y se han comprado un todoterreno absorbegasolina. He tenido la sensación de fracasar en la enseñanza los días pares y de triunfo en los impares. He respirado San Francisco, Nueva York, Yosemite o el Grand Canyon y me he tragado el humo de Las Vegas. Con Silvia todo ha ido bien los días de sol y todo ha ido mal los días de lluvia. He conocido gente maravillosa como David, María o Javier y he sufrido a monigotes de barro con base de plomo. Cien canas se han hecho fuertes en mi cabeza y han tomado el control de lo que era mi apariencia juvenil. Mi gato Cálico ha pasado de ser una figurita de porcelana que anidaba en una mano para convertirse en un cerdo come-moscas que se pasa todo el día tumbado. Inventé un periódico impreso en papel frescura que la contaminación del ser humano asesinó vilmente. He visto a mi barriga asomarse al balcón de la comodidad. He caído en la cuenta de que la edad es una suma ascendente de años y al mirar hacia abajo he sentido el vértigo de la añoranza. He empezado a pasear bosques y ver más allá que leña para el fuego. También he abierto un blog y así lo cuento…