Julio 24, 2008...6:20 am

Shane es de puta madre 2/2

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Un tipo desgarbado, veintipicoañero y enjuto, con gorra marinera, barba descuidada y unas gafas de pasta negra que amueblaban su cara se acercó a nosotros, a los únicos clientes de la tienda y nos dijo formalmente: “Me llamo Shane y voy a ser vuestro guía”.

Nos instó a que le siguiéramos y nos explicó cortésmente el protocolo a seguir para que unos novicios como nosotros perdiéramos la dignidad pero no la vida en el caso de un vuelco del kayak.

Kayaks dobles, remos y chalecos. David y María. Silvia y Luis. Amigos y residentes en Kentucky. Parecíamos concursantes del Un, Dos, Tres. Shane en su kayak individual velaba continuamente por nuestra flotabilidad y Silvia y yo comenzamos a paladear con soltura aunque supongo que haciéndolo mal porque no avanzábamos. David y María sin embargo pusieron en práctica una coreografía tal que daba la impresión de que hacían dibujos en el aire cada vez que hincaban acompasadamente los remos dentro y fuera del agua.

Shane era tan natural y espontáneo que a los diez minutos de estar en el agua parecíamos cinco amigos en una excursión. Dos delfines curiosos salían esporádicamente del agua para echar un vistazo y dejarse ver. Unas nutrias gigantes hicieron lo mismo y a una distancia prudencial se quedaron mirándonos. Estábamos en un zoo marino y los bichos exóticos éramos nosotros para los residentes.

Le preguntamos a Shane por su yo y con la sinceridad de la gente admirable nos habló sobre sí mismo: “Para mí en Alaska no hace frío. Yo vivía en Minnesota y trabajaba de repartidor en bicicleta y algunos inviernos la temperatura era de 20 bajo cero. Hace tres meses vine con mi novia a Alaska y nos entusiasmó Seward. Así que, lo dejamos todo y acepté este trabajo mal pagado. Alquilamos una casa muy barata sin agua ni electricidad y ahora cenamos salmón ahumado casi todos los días, y puedo decir que lo que estoy viendo aquí suple cualquier otra necesidad”.

Confusos, callamos y seguimos remando. Después de un rato en el que el fundido de remo y mar era el único sonido, Shane nos guió a una orilla. Desembarcamos y le seguimos por un sendero angosto que atravesaba un paraje nutrido de vegetación. Con cautela evitamos al “devil´s club”, una planta que provoca urticaria, y comenzamos a escuchar el rumor lejano de una cascada.

El murmullo se convirtió en un clamor y tras cruzar una hilera de árboles nos encontramos con uno de esos lugares que jamás olvidas. Una cascada de agua se lanzaba desde unos 20 metros sobre unas rocas cubiertas de musgo y suavemente descansaba sobre un riachuelo que progresivamente perdía vigor formando leves meandros y perdiéndose a lo lejos. Pegamos la cara a la roca y bebimos esa agua que, quizá sin saberlo, era una de las cosas que venimos a buscar en la vida. Shane nos dijo que aquel sitio era de difícil acceso y que se mantenía tan agreste porque apenas si iba gente.

Retomamos los kayaks para remar sin reloj y sintiendo a Eolo soplando desde el Pacífico, contemplando a lo lejos las montañas de cúspide en nata y meciéndonos sobre el mar azul, comprendí a Shane.

1 comentario

  • Político Exkentuckiano

    Hola Luis
    (No sé si mi comentario del otro día ha salido)
    No conocía tu blog y eso que salgo dos veces, y encima, una de ellas, en boca de nuestro común amigo el archiadmirado Mr. X.

    Me he reido mucho con diversas historias y me ha impresionado la calidad de los relatos. Un día, si te parece bien, puedo contribuir contando alguna cosilla graciosamente kentuckiana, como por ejemplo el día de 2001 en que nosotros conocimos a Mr. X.

    Un abrazo


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