Septiembre 25, 2008...7:18 am

Ell@s y su circunstancia: Gema y la fiesta

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     Gema pasó por Kentucky hace ya algún tiempo. Estuvo en Louisville 3 años y era una de las veteranas cuando nosotros llegamos. Si el recuerdo es una foto, la imagen que tengo de Gema es la de una sonrisa pegada a una cara. Gema era una malabarista del presente, era capaz de hacer mil cosas a la vez sin que la gravedad se las llevara al suelo: estar cocinando pasta con tomate de primero y aliñar una ensalada de segundo, estar barriendo la cocina y poniendo la mesa con flores de centromesa incorporadas, echarle un piropo a su Marío cada vez que pasaba a su lado, hablar por teléfono con el contacto número 974 de su agenda y mantener una conversación contigo sobre lo barata que está la ropa en el Mall más escondido de la ciudad. Todo al mismo tiempo.

 

     Gema trabajaba en una escuela donde se respiraba 50 cents por los pasillos y como Mahoma no iba a la montaña pues la montaña tuvo que ir a Mahoma. Enseñaba el verbo tener cantando rap y consiguió que los chavales no estuvieran sólo en una clase de español, sino que fueran capaces de alojar la cultura y el idioma en el rinconcito cerebral de su preferencias; así, Machado y Lorca convivían en extraña armonía junto a armas cortas, ejército, bandas callejeras, drogas, música rap y sexo, sobre todo sexo.

 

     Gema es una de las mejores amigas del mundo. De esas personas que piensan que decir “no” es ofender. Su casa era una celebración continua; importaba poco que fuese martes y laboral, una vez superabas el umbral de su puerta el ambiente distendido y optimista despreciaba a los sinsabores de la vida cotidiana. Por allí pasaron para quedarse las más variopintas personalidades, todos atraídos por ese magnetismo extraordinario que hace que te sientas cómodo.

 

     Un muchacho de no más de 30 años paseaba a diario por la calle frente a la ventana de Gema y el azar hizo que cruzara con ella varias miradas. Se sonrieron. Se saludaron. Y Gema bajó un día decidida a hablar con él. Tras esa primera conversación, el muchacho comenzó a frecuentar la casa de Gema y a hablar de sí mismo: era jamaicano y había conocido de pequeño a Bob Marley y había tenido contacto frecuente con Ziggy Marley. Era un pacifista de los de antes, de esos que reciben una hostia y sonríen. Un tío estupendo. Después de un par de meses sembrando lazos, el jamaicano vio suficientemente madurada la amistad como para presentarse en casa de Gema y Mario con la maleta en una mano y un bocata de pan duro en la otra. Y Gema y Mario sin saber qué decir, le abrieron hueco. Dos semanas después, el pacifista, consiguió lo que no hubiera conseguido un ejército, que Gema le dijera: “¡No, no te puedes quedar en mi casa más, no!”.

4 comentarios

  • Político Exkentuckiano

    El sábado por la noche tuvimos el privilegio de cenar en casa de Gema y Mario y una vez, más, se demostró que su hospitalidad no tiene límites. Vamos, que en un plis-plas se sacaron un bol de raviolis, una ensalada de nosequé, unos patés, unas cervezas… impresionante.

    Encima, Río, que así se llama su niño (no sé si por el Tiétar o por el Ohio), está cada vez más guapo.

  • Ya me lo imagino, seguro que en un triqui se puso a hacer mil cosas todas a la vez, ademas, seguro que no dejaba de reirse todo el rato.

  • Esta historia es buenísima. Literariamente, das la vuelta a los protagonistas y, pese a hablar todo el rato sobre Gema, al final, parece que el protagonista es el jamaicano.

    Qué gusto da leerte.

    OLI I7O

  • Muchas gracias Oli, para mi es un lujazo que gente como tu me lea.


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