Cecilio Cerdán es a la KWLA lo que Michael Jordan a la NBA. Su retirada de las canchas del bluegrass ha supuesto un antes y un después en el mundo del profesorado visitante y kentuckiano.
Muchas de las cosas que hoy son intrínsecas a nosotros, ayer estaban en un limbo oscuro, cósmico e inaccesible que Cecilio se encargó de iluminar para nuestro uso, beneficio y disfrute. ¿A quién coño sino, se le hubiera ocurrido que hay un tratado bilateral entre Estados Unidos y España desde el año 91 que afecta a la declaración de impuestos de ambos ciudadanos cuando residen en el otro país?
Cuando un problema se presentaba e iba dominando la situación y los nervios de los presentes, el último recurso, el que iba inmediatamente después del orgullo y del amor propio, era Cecilio. “Si no aportas soluciones eres parte del problema” que diría Mafalda, “Si Cecilio no lo soluciona, es que no tiene solución” que diría Jesucristo.
Cecilio era inteligencia, todo inteligencia. A veces esa capacidad dominaba tanto al individuo que rozaba la perfección matemática, como el plano de una casa dibujado con tinta en papel; frío, paralelo a la línea y perpendicular al sentimiento, sin macetas de coloridas flores apoyadas en las ventanas, sin jardín. Susana, su mujer, la sabiduría en la discreción, era el punto arquimédico que daba apoyo a Cecilio, la que le ayudaba a mover el mundo, la que armonizaba “relámpago y anillo” (Neruda).
Cecilio no se perdió un viaje. Cecilio no se perdió una fiesta. Cecilio no se perdió una cerveza. Junto a su Susana fueron un punto de unión y referencia para el resto de jotasunodos que llegamos. Organizaban reuniones en su casa o acudían a las que les invitaban y Cecilio procuraba gastar su cupo de doce millones de palabras por noche. Hablaba y hablaba y la cerveza que en la mano tenía se le calentaba. Era un conversador excepcional. Aún hoy, tres años después de que se marcharan, echo de menos nuestras largas charlas sobre política, Kentucky, educación, religión…. hablar con Cecilio era aprender.
Y después de su aventura en Kentucky comenzó su desventura en Madrid. Masters aguatemaltecados, trabajos de mucha responsabilidad y mal pagados, trabajos de mucha responsabilidad y no pagados… así, hasta que Cecilio se enfrentó a la situación y se puso manos a la obra, gallardo, y tomó al toro por los cuernos y a la capital por los huevos.
2 comentarios
Septiembre 29, 2008 a las 1:56 am
Luis, no sabía que fueses mi abuela.
Septiembre 29, 2008 a las 2:13 pm
Joder Cecilio, ni yo que tu fueras mi nieto!