Octubre 2, 2008...8:53 am

Con pasado y sin presente

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     Manos cuarteadas, porte esbelto, andar elegante y canas respetables. Dough había tenido una vida intensa. En los años 50 su padre fue uno de esos americanos de sombrero Fedora y clase media que, alentado por el optimismo económico que supuso la victoria en la Gran Guerra, compró un Ford para pasear los domingos a la familia y almorzar hamburguesas y milkshakes de fresa servidos a través del Drive Thru en el pueblo sureño donde vivían. Universitario en los 60, Dough hizo el amor y no la guerra en orgías de hierba, sexo y música de Jim Morrison, protestó en Washington contra la invasión de Vietnam y viajó a California en un Mustang del 68 con Kerouac en la guantera. En los 70 cambió los pantalones de campana de The Beatles por las camisas de pico de Starsky y Hutch y a las novias itinerantes por la señorita formal de provincias y de clase bien. Matrimonio prematuro por inflado aunque el parto le dio a Dough la estabilidad y madurez que necesitaba. Su corazón amaba a tres: Rose, su mujer, Andrew, su primogénito y Bud,, su cerveza. En los 80 más hijos, casa nueva, hipoteca, trabajo duro y horas extras que se compensaban con su devoción por Reagan, los partidos de los 49ers desde el sofá estampado y su caja de Bud perdiendo unidades a cada yarda avanzada por los pases de Joe Montana.

En los 90, la insoportable levedad del ser y la conciencia horrible del paso del tiempo se alojaron en los pensamientos de Dough. Bud, dejó de ser una amante fiel con la que evadirse después del trabajo para ser la única dueña y señora que dominaba la vida de Dough. Rose, celosa, hizo las maletas, recogió a los hijos más pequeños y sobre la mesita de noche dejó firmado el papel del divorcio.

 

     Silencio. Dough sentado en su Lazyboy sintiendo punzadas en el estómago, la cara arrugándose y envejeciendo a cada minuto, el corazón gritando que amaba a Rose y el cerebro susurrando lo solo que se encontraba. Evasión. Bud, Maker’s Mark, El Jimador, Captain Jack y Jack Daniels eran los únicos amigos que le escuchaban cuando elucubraba incoherentes propuestas que hacerle a su ya ex-mujer, los únicos que no se reían de él cuando se defecaba encima o cuando la bilis era lo último que expulsada por su pestilente boca, los únicos que le rodearon y velaron durante cinco días cuando cayó desplomado al suelo del salón de su casa y entre un charco de vómitos, sangre, orines y excrementos murió en soledad.

3 comentarios

  • Político Exkentuckiano

    Muy típica historia, y muy bien escrita.
    El final no me ha gustado mucho, es que acabo de comer.
    ¿Puedes escribir otro final, en el que al tipo le toque la lotería estatal y acabe en un yate de Cerdeña rodeado de modelos en bikini como Briatore?
    Gracias. :)

  • Los últimos años de su vida, Dough alquiló parte de la casa donde vivía a Mr. X en Elliot County.

  • Una historia muy bien escrita. Dough, todo un producto de esta sociedad: parece que todo puede ir bien para que poco a poco, cuando te quieres dar cuenta, todo se ha tansformado y la mierda te absorve. Esta clara la lección: no te cases, no te hipoteques (ocupación) y por supuesto zumito de naranja…


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