Nuestro idolatrado y amado Mr. X se fue a España por navidad para pasar las fiestas con sus consanguíneos. Su Nissan Máxima necesitaba un cambio de aceite y una revisión de líquidos. Mr. X, regocijándose en una gran idea, pensó: “Claro, dejo el coche en un taller en lo que estoy en España para que cuando vuelva esté listo. ¡Je, je, je!”.
Y se fue a un mugriento taller oculto en el espesor del bosque. Allí saludó a un hombre grasiento de colilla sempiterna en la boca y le habló de su plan, pidiéndole como favor dejar en el taller su coche hasta que volviera de España. El hombre asistió con un gruñido y dos días después Mr. X subió al avión con suspiros de alivio y sonrisa tontorrona.
Polvorones, besos en la oreja de la abuela, una corbata horrible envuelta en papel de regalo del Carrefour, pavo al horno relleno de pasas, el sobrinito de los huevos gritando villancicos a todas horas, la tita Mari riéndose a carcajadas con la boca abierta y enseñando los trozos de pavo, Ramón García envuelto en una capa y el tito Antoñito raspando una botella de anís vacía con una cuchara…. sí, las vacaciones de Mr. X pasaron rápido.
Cuando volvió, se alegró de estar lejos del mundanal ruido y volver a la rutina. Con la ilusión de reencontrarse con un viejo amigo acudió al taller en busca de su Nissan Máxima…
Traducción de la noticia aparecida en el diario Elliot County Times:
La policía detiene a una pareja presunta autora de varios robos con intimidación.
Una pareja que poseía antecedentes penales acudió en la noche del 26 de diciembre al taller de Scout Raynsfield en el condado de Elliot. Forzaron la puerta del taller y de entre la selección de 60 coches que tenía el almacén mecánico, la pareja cogió las llaves de un Nissan Máxima, uno de los pocos coches que tenía matrícula. La pareja huyó de la zona montada en el coche que acababan de substraer y al día siguiente perpetraron un robo en un chalet a las afueras de Elliot. Las fuerzas del orden fueron alertadas y se produjo una persecución policial que duró varios minutos hasta que ambos delincuentes estrellaron el coche contra un árbol cuando circulaban a gran velocidad. Ambos están heridos y su pronóstico es reservado.
Por otro lado, queda demostrado que el taller de donde ha sido substraído el coche carecía de seguro y no cubrirá los gastos del coche siniestrado, del que de momento se desconoce quién es su propietario.
5 comentarios
Noviembre 15, 2008 a las 1:42 pm
Si lo que no le pase a Mr. X…
Noviembre 17, 2008 a las 6:03 am
Te falta lo del susto que se llevó al llegar al control de Inmigración en el Aeropuerto…
Noviembre 17, 2008 a las 10:48 am
Pues esa no la se! Si te animas, podrías contarla!!!!
Noviembre 18, 2008 a las 4:37 am
Venga, la cuento:
Empieza donde la has dejado tú.
“… del que de momento se desconoce quién es su propietario.”
Pero claro, como tenían la matrícula, en seguida se supo, y como la administración usana es muy eficiente, fueron a casa de Mr. X. y vieron que allí no estaba.
Cuando nuestro héroe llegó al control de pasaportes del CVG Airport, le sellaron el pasaporte y le llevaron a una sala aparte donde le dijeron que le tenian que contar una cosa:
- ¿Cuando salió usted del país?
-¿Conoce a estos fulanos? (fotos)
-¿Sabe que estos fulanos tenían las llaves de su coche?
-¿Donde lo aparcó?
etc etc etc
Mr. X. se acojonó un poco pero los polis del airport pidieron un informe a Elliot. La poli de Elliot mandó un fax donde le decian que no pasaba nada, que todo estaba claro que sabian que su coche habia sido robado del taller y que él no tenía nada que ver, y que el coche había sido recuperado y estaba a su disposición en el sheriff de no se que sitio cerca de Tenesí.
Lo que no ponía el fax era el estado del coche…
Claro que un poco de cinta americana y unas piezas de desguace lo dejan todo perfecto.
Noviembre 18, 2008 a las 5:18 pm
¿No podemos hacer una campaña para que Mr. X vuelva? Si “la Palin” ha llegado hasta donde ha llegado… ¿no podemos hacer algo parecido con Mr. X?
Teniendo dos asesores como vosotros, un poco de maquillaje, le escondemos los calcetines blancos, regalamos sus gorras y… ¡voila!
El retorno de Mr. X