En Kentucky y en una tienda mexicana encontré pulpo. “Unbelievable” pensé. Así que marco el 0034 y mi madre me dice: “Lo “asustas” tres veces y lo cueces. Una mantita de patatas cocidas, un beso de pimentón y un “avemaría” de sal gorda”.
Cojo cazuela, echo agua, enciendo fogón y abro una botella y me sirvo copa de pacharán Unai. Cuando el agua hierve, cojo al pulpo de la cabeza y con cuidado de no quemarme lo meto una vez y lo saco, lo meto otra vez y lo saco, lo vuelvo a meter y lo vuelvo a sacar (Sa, sa, sa, ya tú sa). Una vez finalizada la cumbia, dejo al pulpo sumergirse en las profundidades de la cazuela y vuelvo al vaso de pacharán Unai que tan abandonado tenía.
Después de mandar a la botella de pacharán Unai, con sus amiguitos los inertes, al fondo del cubo de la basura, saco un palillo y, circunspecto, se lo clavo al pulpo. “Si el palillo sale limpio, el pulpo está listo.” me dijo mi madre.
El palillo salió limpio, así que con desparpajo deduje que el pulpo y yo estábamos igual de cocidos. “Bueno, este detalle lo omitiré cuando mi madre me pregunte por la preparación del pulpo…” pensé afásicamente.
Patata, pimentón, sal gorda, pulpo cortado, plato, microondas, amigos argentinos. Todos los ingredientes estaban preparados. Los ordené correspondientemente para evitar episodios de confusión tan desafortunados como el de Encarga, el chaval haciendo la mili, las empanadillas y Móstoles.
Siento a los argentinos, les pongo el plato de pulpo en mitad de la mesa y les doy un tenedor. “¡Si lo pensáis un poco, estoy seguro que adivinaréis qué pretendo que hagáis!” les digo.
Se sonríen. Con destreza pinchan cada uno un trocito. Se lo llevan a la boca. Lo mastican. Lo saborean. Lo engullen. “¡Qué nervios!”, pienso, y con voz cortada les pregunto:
“¿Qué tal, qué taaaaaal está… el pulpo?
“¡Riquísimo!” respondieron ambos al unísono.
Apéndice: El pulpo salió sinceramente mal. Meted un trozo de goma en agua hirviendo y luego embadurnarla de pimentón y sal gorda, dadle un bocado. Así tendréis una definición más exacta de en qué consiste que os invite a mi casa a comer pulpo. No obstante, como el hombre es el único animal que tropieza dos veces con el mismo pulpo, hoy he comprado dos más y mañana David Mato, el joven palentino, tendrá el honor de comprobar de primera mano mi evolución o involución en el misterioso mundo de los fogones…
3 comentarios
Enero 30, 2009 a las 4:58 am
Esperamos ansiosos tu evolución en esta materia.
No obstante, no creo que fuese culpa tuya, sospecho que los 2000 kms entre el mar y KY hacen que el pulpo sea descongelado y eso sienta muy mal a los cefalópodos en general, les pone gomosos como tú dices.
Pero bueno, ya nos contarás.
Como te escribo desde esa jauría de reinos de taifas que es Fitur, me iré al pabellón de Galicia a ver si hay pulpo, a vuestra salud.
Un abrazo.
Enero 31, 2009 a las 8:05 pm
Que David es un santo barón es de todos conocido pero utilizarlo de cobaya en tus experimentos culinarios sobrepasa todos los límites. ¡Ánimo David, estamos contigo, hay veces en que decir NO es un deber cívico!
Febrero 1, 2009 a las 7:19 pm
Gracias por el apoyo compañero!
¡Sí, sí, estaba riquisimo!
(Luis, ya puedes guardar el cuchillo, que he puesto que me gustó mucho. ¡Y deja de apretar los dientes y mirarme así, que me estás dando miedo!)
¡Tiembla Arguiñano!