La Habana, Cuba. Ciudad Mendoza, México. Guanacaste, Costa Rica. Zacapa, Guatemala. Muchas son las ciudades a las que se ha atribuido el origen del cura Vincent, pero lo cierto es que nadie sabe con seguridad de dónde es. Su acento se ha diluido con el paso de los años y utiliza palabras, expresiones y entonaciones que bien pudieran pertenecer a cualquier país centroamericano.
El cura Vincent es un manojo de canas distribuidas alegremente por su alborotado pelo que le dan un aire de respetabilidad y credibilidad, tan fundamentales para cualquier charlatán. De sus orejas cuelgan unas gafas de montura cuadrada metálica, muy a la moda si corriera el año 73. Su cara se pliega sobre varias arrugas ganadas con los años a base de forzar las expresiones faciales que complementaban a las arengas enfervorizadas defendiendo la ley de dios. Jersey de cuello vuelto y vaqueros azules, a la moda con los tiempos.
El cura Vincent acude a todos los eventos comunitarios que involucren a hispanos. Si hay un funeral, allí estará él soltando esa plática de mierda, aprovechando la debilidad de la viuda para taladrar su cerebro. Si se organiza una feria de salud para hablar sobre las virtudes del condón, allí estará el cura Vincent gritando: “¡Porque Dios quiere que las parejas tengan cuantos más hijos, mejor!”. Si se celebra el evento anual de la Hispanidad en el downtown de Lexington, allí estará él, animando a las familias a que no malgasten su dinero y que lo pongan en las buenas manos de la iglesia a la que él representa para invertirlo en “menesteres menos livianos”. Si los hispanos se unen para organizar las marchas en pro de la legalización de los indocumentados, allí podremos ver al cura Vincent gritando desde el púlpito que “¡si somos capaces de unirnos todos para pedir la legalización, también somos capaces de unirnos para llenar las iglesias. Porque un alma que no va a la iglesia, a dios ofende!”
“Yo no creo en dios” le dije desafiante.
“Si hubieras visto lo que yo he visto, creerías. Yo he visto curar el SIDA con sólo tocar la cabeza del paciente. Yo he visto curar el cáncer y expulsarlo por la boca. Yo he visto nacer un carnero del vientre de un hombre.” me respondió altivo.
6 comentarios
Marzo 6, 2009 a las 3:09 am
Luis:
¿De qué iglesia concreta es este individuo?
Marzo 6, 2009 a las 6:30 am
Sólo sé que no es católico. A partir de ahí, echa a volar tu imaginación: luterano, baptista, adventista, mileurista, asociación de amigos de la mirinda…
El próximo día que vea a alguien que le conoce, se lo preguntaré y dejo el comentario en este post.
Marzo 6, 2009 a las 6:33 am
Ya me parecía. Como hay pocos problemas con los curas normales, los de la religión católica oficial, pues faltaban estos de segunda división.
Vaya tipejo.
(Por cierto, que eso de que salgan carneros a porrillo puede ser una gran idea para un restaurante)
Marzo 6, 2009 a las 6:35 am
Por cierto, ni se te ocurra decirle a este individuo lo de que te duele la cabeza. No quiero ni pensar en cómo serán esas “ceremonias de sanación” que nos describes.
Y encima, puede salirte incluso por más de 1.287 dólares.
Marzo 8, 2009 a las 6:41 am
Según un amigo, Vincent es Evangelista.
Abril 24, 2009 a las 5:01 am
¿Qué no creemos en Dios porque no hemos visto cosas que él si?
¿Ver nacer un carnero del vientre de un hombre es prueba suficiente para ceer “a fe ciega”?
Yo podría decirle:
Sé de gente que ha visto dragones azules en el salón y eso solo prueba lo malas que son las drogas… ¡Qué se aplique el cuento y que deje lo que está consumiendo!
Leña al mono Luis…