Abril 24, 2009...8:39 am

No mames, mi guey

Saltar a Comentarios

Arnulfo recorrió durante años el camino de baldosas blancas en busca de Oz. Al final, nunca encontró al Mago y en su lugar halló a un jefe de prisiones con tendencia al hijoputismo. Tras la condena, éxodo involuntario. Deportación y miseria. Su mujer, estúpidamente enamorada, empacó lo que pudo y sobre la espalda cargó a los dos hijos del matrimonio. Matamoros esperaba al otro lado de la alambrada.

Arnulfo renegó de Arnulfo. Quemó documentos, le puso un tabique al pasado y se inventó una vida.
“Rigo. Me llamo Rigo”, se repetía y repetía hasta la saciedad.
Tomó a su mujer, tomó a los hijos y tomó el paquetito con aroma a Colombia que les daría un fuerte empujón de salida en la nueva vida. Le dieron 2,500 al pollero y de noche y en silencio cruzaron a Arizona.

On the road again. Familia. Discusiones. Trabajo. Apartamento. Cervezas. Cocaína. Narcocorridos. Antonio y Pancho. Los cuatro primeros años de su nueva vida se pasaron rapidísimo.

El hondureño pendenciero llegó con la temporada de la recogida del tabaco. Con sigilo, se alojó paulatinamente en la vida de Rigo y se convirtió en amigo y modelo.
“¿Águila o Sol para ver quien paga las Coronas, mi cabrón?” preguntó Rigo desde el etilismo.
Y la moneda cayó estruendosamente sobre la mesa de la cocina con el ave mirando al fluorescente. La suerte estaba echada.

“Compadrito, pues no más. Pancho es puto y nos chingo con la blanquita” espetó el hondureño.
“No mames, mi guey. Pancho está cabrón, pero no es pendejo.” Dijo Rigo
“Sí, mi guey, sí. Me dijo Antonio que lo vio guardarse parte del mocho”, afirmó el hondureño.
“No guey, no. ¡Chingue su madre…!” respondió Rigo, frunciendo el ceño, pensativo.

Ambos, borrachos y valientes, se dirigieron a casa de Pancho. Golpearon la puerta y pasados unos segundos Rigo llamó a su amigo: “Ábrale mi Pancho, soy el Rigo y tengo algo para usted”.
Se escucharon pasos adentro del apartamento y el descerraje de una cadena. Pancho abrió sonriente la puerta y sin que pudiera articular palabra, Rigo le descerrajó un disparo en la cara. Pancho murió de inmediato.

La policía detuvo a Arnulfo-Rigo y la condena fue tan extensa que se transmutó en el pronóstico irrefutable de que Arnulfo jamás podrá volver a inventarse una nueva identidad.

2 comentarios


Escribe un comentario