Jim Gilchrist es un cabeza cuadrada. Casualmente también es republicano, ex-marine y ultra-creyente. Este tipo, podría ser un jubilado más, ex-combatiente de Vietnam, de esos que emplean las tardes de su vejez en ver atardecer en el porche de su casa de California, mascando tabaco y contando batallitas de héroes de guerra a sus tiernos nietos. Pero no, en vez de reposar huesos o de donar sus años de sabiduría al crecimiento del alma, el tipo en cuestión funda en 2004 una organización conocida como Minuteman Project. Esta organización no se dedica a la rehabilitación de toxicómanos o a la integración de la comunidad homosexual en la América más profunda, no; se dedica a la persecución de los inmigrantes ilegales, englobando bajo la misma definición a narcotraficantes, asesinos, ladrones, humildes padres de familia, madres entregadas a sus hijos, criaturas inocentes o buscadores de sueños.
Jim nació en la América de la libertad, esa misma que mandó demonizar a los comunistas en los 50 de la mano de McCarthy. Por lo tanto, esta educación democrática no le permite hablar abiertamente de sus creencias y tiene que solaparlas a las buenas formas del lenguaje, por ello en su página no se habla de la inferioridad manifiesta de lo hispano, sino de la contaminación económica, cultural y social que trae la inmigración ilegal. No dice que lo ideal sea que todas las familias de ilegales murieran preferiblemente en territorio mexicano, sino que propone que las sanciones se multipliquen hasta la asfixia para aquellos empresarios que ofrezcan trabajo a los ilegales. Tampoco habla de su animadversión a lo mexicano u hondureño, sino de la cantidad de delitos de sangre que cometen los inmigrantes de estas nacionalidades. Tampoco dice que habría que cerrar las fronteras con México porque todos los ilegales son los que expanden la gripe porcina… bueno, esto sí lo dice.
Entre las acciones de este “filósofo del vacío” se encuentra la de la apertura de cientos de oficinas de Minutemen en las que se reparte información incendiaria a la población particularmente caucásica de la América más profunda, la distribución de folletos propagandísticos que si hubieran sido repartidos por los alemanes en el años 30 hoy los consideraríamos como antisemita, o la patrulla por cuenta propia de la frontera con México para grabar en vídeo a los inmigrantes que cruzan la frontera y denunciarlos a la policía de inmigración.
Si nos remitimos a su página, se deduce que estas personas son ilegales porque cruzan a un territorio del que no son originarios y que ya tiene otros pobladores. Por lo tanto, los antepasados de este Jim Gilchrist fueron los primeros “espaldas mojadas” cuando vinieron de Europa muertos de hambre y llegaron a un territorio ya habitado por pobladores nativos. ¡Qué suerte tuvo su tatarabuelo de que no existiera Minuteman cuando puso pie en tierra!