Julio 22, 2009...4:03 pm

Parque Nacional de Zion, Utah 2/3

Saltar a Comentarios

Y Zion se rebeló. Y la montaña se tragó a la vanidad, a la arrogancia, al orgullo. Y la ignorancia fue nuestra aliada, nuestra guía.
“¿Qué tal si empezamos la ruta del Observation Point?” preguntó uno de nosotros.
“Pseeee” respondió alguien.
Y nos bajamos del autobús en la parada de Weeping Rock y comenzamos a subir. A subir. A subir. A subir. A subir. El camino era un zigzag hacia arriba y sin descanso. Llegamos a una bifurcación en la que no se leían distancias, sólo nombres, a la derecha Hidden Canyon y a la izquierda Observation Point.
“A la izquierda” dijo alguien.
Subimos una milla al sol y yo ya estaba atrás sin poder seguir el ritmo de los otros, pero disfrutando de la altura, de la vista, casi tocando las nubes. Me crucé con varios caminantes que bajaban frescos y saludé desde lo hondo, con afecto, camaradería.
Y por fin el paraíso, el llano. Cañones estrechos de rocas cobrizas que enmarcaban lo que había sido el cauce de un río, arbustos en verde nacidos de entre las piedras, del imposible. Sombra, bendita sombra. Al fondo, como tres lagartos sobre la roca, mis tres compañeros sonrientes, cabrones: “¡Vamos, qué no puedes…!”
Nos cruzamos con un grupo y les preguntamos por el final de la ruta y por su dureza: ¨Queda bastante y queda lo más duro…” dijo uno de ellos. “Maldita sinceridad” pensé.
Seguimos caminando por el llano, hasta que los músculos de las pantorrillas se tensaron, símbolo inequívoco de que estábamos subiendo. Andamos una media milla aproximadamente y llegamos a otra bifurcación que tampoco indicaba distancias, sólo nombres: A la derecha East Rim Trail y a la izquierda Observation Point. “A la izquierda” dijo alguien.
Continuamos con nuestra particular odisea hacia el techo de Zion en la que para ver ciertas nubes, ya teníamos que mirar hacia abajo. Una chica enchufada a un Ipod mediante unos auriculares nos pasó como un torbellino. Mirábamos hacia arriba y sólo veíamos montaña y más montaña. El sol iba bajando y el atardecer se hacía cada vez más obvio. Desde la chica del Ipod no vimos a nadie en un buen rato, hasta que nos cruzamos con un mochilero que venía de regreso. Nos dijo que para llegar al final de la subida quedaban como ochocientas yardas y como una milla y media para la cumbre en total. Después de escuchar sus palabras, el cansancio se duplicó y el ánimo se dividió, así que puse fin a mi ascensión y en un risco me senté despidiéndome de mis tres compañeros de ascensión.
Y allí estaba yo, sentado en una piedra en el camino, respirando aire puro, viendo bosque y solo. Solo. Y la soledad me asustó. Así que retomé la marcha con el vigor como alternativa al miedo y después de varias paradas llegué primero al llano y luego a la cumbre donde estaban mis tres compañeros dando forma al silencio. Me senté y Zion me dio 360º de panorámica que me cerró la boca, que me puso en mi sitio, que aisló a mi ego y engrandeció a mi dignidad.
El sol seguía descendiendo por un hilo imaginario que manejaba el horizonte y la luz se atenuaba al ritmo que iniciamos un descenso vertiginoso para no quedarnos a oscuras durante el camino. Sin descanso llegamos al punto de inicio y los últimos destellos del día perecieron en el cartel que anunciaba la ruta que acabamos de hacer:
Observation Point
Esta es una ruta larga y extrema con muchas secciones escarpadas y sin protección. No es para cualquiera que esté fuera de forma o que tenga miedo a las alturas.
Peligro
Precipicios Escarpados
Distancia: 8 millas (ida y vuelta)/5 horas
Ascensión: 2148 pies
Nivel de dificultad: Extremo

Escribe un comentario